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Cuarentena: 264 horas

Hoy hace once días que convivo conmigo mismo entre unas paredes. Siendo sinceros, no comparto esa ansiedad que parecen vivir la mayoría de los españoles ahora mismo, o que al menos hacen creer que están viviendo a través de las redes sociales. El truco está en la organización. Planeo cada día como si uno normal fuese, con sus horarios y obligaciones. Más allá de sentirme de vez en cuando un verdadero enfermo, no encuentro en mí ninguna preocupación más. Refiero a “sentirme” porque cumplo con la misma obligación que cumpliría cualquier enfermo con el virus: el estar en confinamiento sin poder salir de mi casa.

Historias de balcones | Fotos: El País – Montaje: propio

No hay mucho más detrás de la necesidad que siento a veces de pisar la calle, sobre todo cuando me canso de ver los únicos doce árboles que soy capaz de contar a través de mi ventana. Por lo demás todo es normal aquí dentro, suelo tratar de respirar varias veces por minuto, levantarme del escritorio y caminar más allá de la fronteriza cocina y su nevera repleta de provisiones tentadoras. A veces me obligo a dejar de darle vueltas a la cabeza acerca de todo lo que está sucediendo ahí afuera. Si bien se trata de algo histórico, a veces encuentro sobreinformación acerca de la cuestión en sí. Pero no puedo ocultar que estoy realmente preocupado. La frase utilizada para remarcar un hecho: “esto será algo que le contaré a mis hijos”, cobra mucho sentido ahora mismo. Aunque nos cueste pensarlo o creerlo, hace muchos años y batallas que no se veía a toda la población de un país detrás de las ventanas. Y no somos tan solo un país, está parando el mundo entero.

La desaceleración económica es enorme. Aún más en nuestro país, cuando hoy pocas medidas se han tomado por los que están arriba para frenar, aunque sea un poco, la crisis que vamos a sentir en nuestras pieles. Y en nuestros bolsillos. Y si, es verdad que a veces cuesta un poco pararse a tomar soluciones para la economía cuando hay gente muriendo y los hospitales están al borde del colapso. Pero ¿tanto les cuesta organizarse a los 616 diputados y senadores que tenemos en España?

Si pudiera darles un mensaje a todos los españoles, si pudiera tener de frente al presidente del gobierno, diría bien claro: esto no terminará cuando dejen de haber infectados, esto no terminará cuando todos aplaudamos felices porque se acaba el estado de emergencia y podamos volver a las calles, esto no terminará cuando los médicos y enfermeros puedan respirar tranquilos en un hospital: el impacto económico al que estamos expuestos es algo inédito en nuestra historia y cuanto más se tarde en tomar medidas de esta índole (medidas reales y no parches), peor lo pasaremos todos después de esto.

No me atrevo a dar datos en el momento que escribo estas palabras porque sé que dentro de una semana mis palabras habrán quedado en jaque. Pero hoy, hay bastantes muertos y muchos infectados. Y sé que es una cifra que no dejará de crecer. Pero hay algo que me sorprende aún más que esto: ¿cómo puedo estar tan seguro de que la cifra seguirá aumentando a este ritmo, si estamos todos en casa? La respuesta seguro que te gustará aún más: no lo sé. Pero estoy seguro de que todavía nos queda un tiempo para poder decir que la metáfora de frenar la curva ha funcionado.

Y seguiremos encerrados en casa porque el estado de emergencia seguirá vigente durante un buen tiempo. Pero, si de algo también estoy seguro, es que saldremos de esta. Mientras, seguiré contando los ocho metros que tiene mi pasillo o los doce árboles que puedo ver desde mi ventana. Agradecimiento de nuevo a todo el personal sanitario que lucha como en tiempos de guerra de día y de noche para avanzar juntos hacia la victoria. Y a todas las personas que están también expuestos y que aún así cumplen con su deber en su puesto de trabajo. Y también a todos los que estamos en casa detrás de las ventanas. Y es que, como dijo una vez William Ellery Channing, “la gran esperanza de la sociedad radica en el carácter del individuo”.

2 Comments

  • Roberto Rodríguez

    Mucha paciencia hay que tener, en éstos momentos tan complicados. Espero no enfermarme de coronavirus, pero que eso tampoco me lleve a la ruina😊

  • Brenda Lei

    Hay que mantener la calma, la desesperación no conduce a nada bueno. Todo el mundo no sabe llevarlo de la misma manera. Lo cierto es que todos deberíamos aprender a controlar esos estados ansiosos. Lo único que causan es un desgaste físico y mental que es contraproducente para la salud. En cuanto al gobierno, ya no hay palabras para describir tanta incompetencia.

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