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La luz al final del túnel

Después de tantas semanas con la inmensa mayoría del país encerrado en casa y con la economía totalmente paralizada, parece que la sociedad española está volviendo a ver la luz al final del túnel y cada vez parece más cerca el último asalto contra el infierno que estamos viviendo a raíz de la propagación del Coronavirus de Wuhan. Cualquier persona relacionaría el ver el final de esta hecatombe con felicidad, pero sinceramente, genera en mí un cierto sentimiento de duda.

Transeúnte en la Gran Vía de Madrid | Foto: CNN España

Por una parte, todos queremos que esto acabe, este servidor el primero. Pero, por otra, el sentimiento de escapada y de vuelta a la normalidad que eliminar el estado de alarma conllevaría, podría ser muy contraproducente. De no tener la certeza de haber combatido este virus a nivel nacional, sería una demencia que la gente volviera a las calles. Y están volviendo: este lunes miles de personas han vuelto a trabajar tras la permisión del Gobierno de España. Esto nos hace llegar a pensar que nos encontramos ya en una situación de desescalada, cuando realmente todavía estamos en confinamiento. El New York Times publicaba el pasado domingo un artículo en el que mencionaban lo incomprensible que resulta ver como España, siendo el país europeo más afectado por el coronavirus, sea el primero en hacer regresar a sus trabajadores. Nadie está ahora mismo capacitado para pensar en todo lo que nos supondría tener un rebrote si hiciéramos mal las cosas. Desde mi punto de vista solo alcanzo a ver uno de tantos problemas: lo duro que sería psicológicamente para todos los españoles tener que volver a lo mismo que parece que estamos dejando atrás. Un rebrote por culpa de una mala gestión sería ver como se nos apaga de pronto la luz que ya vemos al final del túnel. Me preocupa enormemente ver a tantas personas ya por las calles, por no hablar de la cantidad de automóviles que se ven en movimiento. Pero, ojalá que todo salga bien y todos podamos volver lo antes posible a la normalidad, de manera controlada y sin incidencias.

Sin duda es esa una de las cuestiones que más ganas tenía de mencionar, pero no la única. Si bien hablar de lo que sucede en la sociedad española es para mi un deber, hablar de algo que realmente me incumbe, como es la educación española, es para mí una obligación. El Gobierno acordó ayer el aprobado general: todos los alumnos promocionan, independientemente de sus notas y rendimiento. La justificación no corresponde con la acción, según la ministra de educación, Isabel Celaá, esta decisión está tomada principalmente por los alumnos sin recursos que se ven en una situación desventajosa al no poder tener acceso a la educación actual. Y pregunto, ¿no tienen esos alumnos, junto a todos los demás, dos trimestres anteriores que se han dado de forma presencial de los que se pueda concluir una nota y la promoción? El sueño de todos los que van al instituto a molestar y no a estudiar se cumple, ¡les están regalando el título! Es vergonzoso ver expedientes sin ningún ánimo de aprobar aprobando. Detrás de esta toma de decisiones asoma el miedo de que una vez más se vuelva a poner en vergüenza la educación española, y yo también tendría miedo si fuera el ministro de educación de este país: educando en la mediocridad tan solo conseguiremos un país de mediocres. Y en ese sentido me pongo en palabras de un conocido, Enrique Morales, profesor de educación primaria que, textualmente y después de haber oído las palabras de Celaá, citó: “¿y me puede explicar cómo, a 15 de abril, les explico a padres y alumnos que me sigan entregando tareas porque lo importante es que obtengan la formación necesaria para el siguiente curso y no la calificación numérica sabiendo que están aprobados?”

Por no hablar de los universitarios, los cuales me van a permitir que me adelante unos años en vida para ponerme en su piel y pensar en lo muy ridículo que me parece que pidan el aprobado general. Es totalmente comprensible que la situación que viven actualmente es insólita y que no están preparados para examinarse, pero la culpa es realmente de todas esas universidades que han dejado a todos sus universitarios de lado. Por no mencionar los numerosos profesores que no imparten clase, simplemente invitan a al alumno a buscarse la vida de forma completamente autodidacta. No creo que sea realmente para eso por lo que pagan la matrícula. Aún así y partiendo de la base de que en ese sentido la culpa es de las universidades, ¿aprobado general? No necesitamos un país con profesionales mediocres aprobados por decreto en lugar de por sus méritos. ¡Universitarios, os estáis labrando vuestra profesión, no estáis en secundaria! ¿Cómo queréis ser médicos sin tener los conocimientos impartidos en el último semestre de medicina?

One Comment

  • Brenda Lei

    Me gusta mucho como escribes. ¡Este artículo es fantástico! Estoy totalmente de acuerdo contigo en todo lo que expones. ¡Maravilloso!

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