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Necesitamos del amor como necesitamos del aire

Decía Milan Kundera que el amor es el deseo de encontrar a la mitad perdida de nosotros mismos. Sin embargo, el amor es para mí algo que requiere de una complejidad mucho mayor para poder ser descrito. Algo tan metafísico como intangible, que se aprende durante toda la extensión de la vida y que nunca se termina de comprender con total seguridad.  Si los humanos necesitamos amor o no para poder vivir podría llegar a ser una pregunta simple: las personas somos seres sociales y necesitamos de otras personas para poder ser.

Así sucede hasta en la mayor de las soledades.  En los días en los que no quisiera saber nada de nadie, aquellos donde la oscuridad me abraza y establece una conversación conmigo, me refugio en la música y en los libros. Podría considerarse que siento un amor por los libros y por la música, pero sería un error no pensar en el cantante y en el escritor. En el refugio humano.

Es un error cuando el adulto mira al adolescente con condescendencia al decir este último que está enamorado. La vida se divide en etapas o ciclos que comienzan y acaban, y la adolescencia es de suma importancia en la vida de cualquier persona. Los primeros sentimientos, que no mejores o peores, constituyen nuestra visión mental de lo que podría llegar a ser el amor. ¿Sabe más de amor una persona de cuarenta años que una de diecisiete? Se encuentran en distintas etapas de la vida. Cada uno podría considerar que lo sabe todo sobre el amor y a los cinco años sentirse un estúpido equivocado.

Hace unos años, cuando concedí una entrevista al diario La Provincia, no me tembló el pulso al decir que el mundo se mueve por amor. Y hoy lo sigo pensando. El amor está en todas las situaciones y etapas de la vida, claro que es nuestro papel el de descifrar qué es el amor para nosotros en cada momento: si el elegir a una persona con la que ser, en un acto de decisión, como solía criticar Julio Cortázar, o el sentirnos rotos por dentro por culpa del rayo del enamoramiento. Al fin y al cabo, a mí me gusta considerar que el mundo se mueve en función de buscar el brillo en los ojos de otra persona.

Sobre el amor cabría también destacar el contexto actual en el que nos encontramos. Hace años los jóvenes se casaban y morían juntos cumpliendo la promesa de amor eterno que obligaba, principalmente, la sociedad influenciada por la Iglesia Católica. Hoy se dan otros conceptos de familia y relaciones, pues vemos el amor desde otro punto de vista; no aquel de obligación, sino el libertario que te permite finalizar una relación cuando esta deje de apetecerte.

Asimismo, podríamos discutir sobre el tipo de relación romántica que solemos tener en mente. La mayoría de los mortales pasan una vida buscando a su otra ‘media naranja’. Nadie ha pensado nunca que quizás el amor en pareja solo se trata de una concepción que tenemos, una costumbre. Algo impuesto que con el paso de los días nos acabamos creyendo. Un hecho que nos hace creer que estamos siendo felices, que queremos al otro, que con esa persona nos irá bien… ¿Nos paramos a pensar alguna vez que quizás, si no estuviéramos con esa persona, nos iría mejor? Muchas veces no nos lo planteamos por miedo. Por miedo a descubrir que sí, que sin esa persona estaríamos mejor. Porque claro, eso significaría tener que desengañarnos a nosotros mismos y darnos cuenta de que realmente no necesitamos del amor como necesitamos del aire.

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